Había una vez un reino muy, pero muy peculiar llamado Perú. En este país vivían grandes príncipes y princesas, además de algunas cuantas joyas. Érase una vez que una de las brujas de este reino decidió dársela de hada madrina y llevó a su entenada y empleada doméstica al Congreso de la República. En realidad su entenada nunca supo bien cuál era la ayuda pero igual firmó un documento en donde se aceptaba como asesora de su ahora salvadora: Elsa Canchaya. Como en todo cuento de hadas, el bien salió triunfando y la nueva hada fue sacada del Congreso e inhabilitada de su función por tres años.Por otro lado, pero dentro de este mismo reino, encontramos a la pobre Tulicienta, una damisela de buenos principios, oriunda de Trujillo (mi pueblo natal), y con grandes dones de servicio. Esta humilde y valiente plebeya llegó con mucho esfuerzo a ocupar un curul en el parlamento, y fueron tantas sus ganas de trabajar que no se dio cuenta que uno de sus empleados: "Juan Carlos Noriega" nunca pisó su oficina en el Congreso, sin que esto fuera un impedimento para el cobro del respectivo salario. Debido a esto, la pobre Tulicienta fue suspendida de sus labores por 120 días; sin embargo, semanas después, fue acusada cosnstitucionalemente por la contratación de un empleado fantasma.
Que mala noticia para Tulicienta, llevaba el peso de una demanda constitucional. Parecía que las cosas iban a empeorar, cuando de repente llega un insigne príncipe azul: José Peláez. José era todo lo que Tulicienta buscaba, un hombre preparado, de conducta intachable y Fiscal Supremo de Perú. Este héroe pide que se anule el caso de nuestra protagonista alegando el recurso de falsedad genérica.
En el caso de nuestra Tulicienta, este pedido no debería proceder, pero encontramos ahora la mágica aparición de un hado padrino: Javier Villa Stein, el mismo que preside el Poder judicial y quien sale a defender la propuesta del príncipe Peláez. Las circunstancias parecen cambiar para Tulicienta, todo parece indicar que muy pronto regresará a ocupar el puesto que tanto anhela y colorin colorado este cuento se ha terminado.....
Quisiera pensar que esto es solamente un cuento, pero NO LO ES. En la actualidad somos testigos de una muy aparente intromisión por parte del Gobierno en el poder judicial. La congresista aprista y paisana mía, Tula Benites (hoy bautizada como tulicienta) cometió un delito gravísimo que atenta seriamente contra el correcto funcionamiento de la democracia y tiene que cargar con las consecuencias de su mal accionar. No se puede pretender que ella tenga un trato preferencial solamente por ser integrante del partido de gobierno.
La prensa entera se ha pronunciado, la sociedad civil también lo ha hecho; sin embargo esto va más allá de este caso en particular, ya que aquí se ven implicados grandes cargos públicos como la Presidencia del Poder Judicial y también un Fiscal Supremo (el mismo que está encargado de uno de los juicios más importantes de estos tiempos: El Juicio Fujimori). No podemos permitir pequeñas concesiones de corrupción, no podemos estantacarnos en la queja y la murmuración, NO MÁS!!!. Debemos levantarnos y dejar bien en claro que como peruanos estamos vigilantes de los procesos judiciales que implican vínculos políticos y que nadie nos puede ver la cara de tontos, ya que como ciudadanos preocupados por nuestra sociedad no podemos estar creyendo en cuentos de hadas.
Querida paisana Tulicienta, quiero creer que se ha arrepentido de su accionar, pero tiene que pagar las consecuencias de sus actos, NO VIVIMOS EN UN CUENTO DE HADAS.
Querida paisana Tulicienta, quiero creer que se ha arrepentido de su accionar, pero tiene que pagar las consecuencias de sus actos, NO VIVIMOS EN UN CUENTO DE HADAS.

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